La tela de araña. Si tomamos como modelo los principales bancos mundiales, en este caso Bank of America, JP Morgan y Citigroup,podemos observar en su accionariado a cuatro sociedades de inversión.
Si tomamos como referencia algunas de las principales multinacionales, en su accionariado aparecerán, a parte de los citados bancos, las susodichas cuatro sociedades. Las empresas analizadas son Chevron Corporation, ConocoPhillis, Exxon Mobil Corporation, General Motors Company, Monsanto Corporation y Wal-Mart Stores Incorporation.
Echando un vistazo a pequeñas sociedades de inversión, aparecen también estas cuatro o sus derivadas. La sociedades en cuestión son, State Street Corporation, Vanguard Group, Blackrock Institutional Trust Company y FMR LLC. Lo más curioso es que además, estas compañías participan entre ellas en su capital social. Cabe decir que las sociedades de inversión son entes totalmente opacas. No están obligadas a declarar quiénes son sus depositarios, ni las cuantías de los depósitos.
De esta forma, si alguien posee un paquete de acciones determinado de State Street Corp. por ejemplo, posee además del resto de inversoras y, por extensión, de todas las grandes compañías y bancos del planeta, pero no sólo del porcentaje que tenga SSC en una compañía en concreto, sino que también será poseedor de las participaciones del resto de sociedades, al ser estas propietarias unas de otras. Con esto vamos conformando una pirámide, en cuya cúspide deben de encontrarse las élites económico-financieras del mundo.
Una vez hecha esta reflexión, hablar de pensamiento único es algo más sencillo, ya que parece que es lo único posible si atendemos a la estructura de la propiedad empresarial que, capitalismo primero, desregulación después, y globalización como colofón, han creado, aumentado y consolidado, respectivamente.
Los grupos que controlan los grandes medios crearon la crisis. Pero esto vas más allá, podemos ver a empleados de esos mismos grupos como ministros de economía (España), primeros ministros (Italia y Grecia), presidentes de la Reserva Federal (EEUU) o presidentes de Banco Central Europeo.
Cobra aquí relevancia el concepto del hombre de Davos, donde las élites ya no son nacionales. Los procesos de concentración y diversificación de los grandes capitales financieros han generado una suerte de clase dominante global. En ella hay personas que se sientan, en ocasiones, en cientos de consejos de administración por todo el orbe.
Los medios no solo no se han quedado fuera de este proceso, si no que han sido parte vital del mismo. Su papel, una vez debidamente adquiridos, ha sido el crear la idea de que vivimos en el único sistema posible, el único donde la libertad no solo es defendida si no viable. Han generado una corriente de pensamiento donde la imposición del neoliberalismo y su doctrina de que el enriquecimiento personal conduce al bienestar colectivo, han sido la tónica dominante sobre todo a raíz de connivencia política de la dupla Thatcher-Reagan.
Perspectivas académicas como la Economía Política de la Comunicación resultan imprescindibles para acallar esta voz única, unidireccional, que tacha al que pregunta, al que duda, de hereje. Sin embargo parece quedarse corta si nos atenemos al cada vez más veloz proceso de conglomeración que, con diferentes artes, pasa por encima de estados, leyes antimonopolio y pueblos enteros. Debemos llamar a la Sociedad Civil, por utópico que parezca, a organizarse de forma que estas corrientes sean cosas del pasado y aprovechemos eficazmente un progreso tecnológico sin parangón en la Historia.


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